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2 Agosto 2011

EL VETO SINDICAL: EL GARFIO DE LOS DIRIGENTES

 

En toda organización  sindical existen grupos de poder que hegemonizan el control y el poder, sea en el magisterio o en otros sectores sociales. Es muy similar a lo que ocurre en la vida política del país; un partido político llega al poder no siempre por mejorar la administración del país; aunque tal vez tenga ese principio, pero los que siguen, lo hacen por usufructuar de los bienes (cargos y otros) del Estado. Es decir, los seguidores de las organizaciones sindicales y sus dirigentes, de alguna manera, también obtienen ciertas ventajas. Perderlas éstas ¿convendrá a algún frente sindical o grupo de dirigentes? Al parecer, jamás. Por esta situación tienen una sobrada razón para rechazar la derogatoria del veto sindical hecha por el gobierno nacional.

Sin embargo, ¿Cuál es la situación de un maestro de base que disiente de esas formas de pensamiento?  Pues tiene que someterse de manera silenciosa y "dizque" disciplinada porque oponerse a estos grupos hegemónicos es como subir al patíbulo a sabiendas de las consecuencias del veto sindical que se asemeja a la muerte civil.

Está todavía fresca en la memoria de toda la opinión pública y del magisterio nacional, en particular, el veto sindical que se aplicó contra los maestros que optaron por ser asesores pedagógicos durante la implementación de la Reforma Educativa en Bolivia. Cabe aclarar que para este cargo, se presentaron miles de maestros a las diferentes convocatorias y pocos fueron seleccionados. Por consiguiente, los que fracasaron en sus intentos se cargaron de mucho resentimiento y prefirieron desquitarse apoyando a la aplicación del veto sindical a sus propios colegas y a todos aquellos que piensan de diferente manera, aunque es un derecho inalienable e irrenunciable de todo ser humano.

Lo propio ocurre con los maestros/as que demuestran una verdadera vocación de servicio trabajando en sus aulas o en domicilios particulares cuando se decreta alguna suspensión de actividades educativas por los dirigentes sindicales y de inmediato son amenazados con el veto sindical porque no faltan soplones en cada unidad educativa. En algunos de los casos, los mismos directores de unidades educativas, por hacer buenas migas con la dirigencia sindical,  son los que obligan la suspensión de las labores escolares.

Por otra parte, los mismos gobiernos de turno, por intermedio de sus autoridades, impusieron la vigencia del veto sindical prohibiendo la participación de aquellos que piensan diferente en los diferentes concursos. Asimismo, la falta de seriedad y responsabilidad de las autoridades de los gobiernos de turno obligaron a acatar las huelgas porque, en alguna gestión, aplicaron el descuento a todos los maestros, incluyendo a aquellos que continuaron trabajando en esos días. Como se podrá advertir, los maestros que se sacrifican por la educación son sancionados por el mismo estado, por los dirigentes sindicales y a veces, por lo propios directores (Hojas de concepto). Demostrar sumisión en todo parece ser un requisito para ser considerado un buen maestro/a.

De esta manera, el veto sindical es el instrumento más útil para "demostrar la unidad monolítica" en una organización sindical y al mismo tiempo se convierte en una sanción. Derogarlo es privar de ese garfio que sirve para evitar la desbandada y que con seguridad, los dirigentes radicales perderían ese poder que tienen. Entonces el maestro podría despertar de ese letargo impuesto por décadas y recuperar ese derecho a la libertad de pensamiento y de expresión.

En la actualidad, al parecer esta práctica continua vigente en algunos sectores porque desobedecer alguna determinación tiene serias consecuencias; por ejemplo, no tienen derecho a alguna promoción o son afectados con multas exageradas, como me informó un coetáneo que radicando en otra ciudad, durante un receso se vio obligado a asistir a las actividades deportivas, caso contrario tenía que pagar equivalente a 50 dólares por día. Este es el resultado de una supuesta democracia sindical interna (decisión por mayoría) que no me parece tan correcta porque afecta a intereses genuinos pero particulares. Recurrir a este medio para controlar la disciplina (obediencia) de sus afiliados, es exagerado; es necesario advertir y observar los derechos civiles y políticos que la Constitución Política del Estado Plurinacional establece: "Las bolivianas y los bolivianos tienen derecho a la libertad de pensamiento, espiritualidad, religión y culto... a la libertad de reunión y asociación, en forma pública y privada, con fines lícitos" (Art. 21. Num. 3 y 4). Ojalá que algún día esta supuesta democracia no atente contra los derechos individuales a título de "unidad en el gremio".

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